martes, 7 de agosto de 2012

"La mujer que yo Amo" 13/01/09 11:25 Pm.

-La mujer que yo amo tiene la belleza exacta y el corazón en su sitio. Es implacable en su ternura, luminosa como una fe intacta, contundente en sus deseos de vivir hasta que la vida sea vida, y un poco más. La admiro por su condición de reina que abdica al trono de la existencia resuelta, a cambio de eso que llaman amor, y otros, el incierto camino al lado de un vagabundo de mi calaña. Es linda por derecho propio. No necesita adjetivos como excepcional o única; se los merece. Su sonrisa, cuando es para el mundo inabarcable y ajeno, ilumina; cuando es para mi, desarma mis defensas y me coloca en un sitio privilegiado en el universo. Soy inmortal, entonces, tocado por los dioses, afortunado como quien sobrevive al holocausto de la vida cotidiana y al toque de la muerte que nos persigue desde la cuna.

-Es el júbilo y el duelo de la sangre enamorada. Una palabra suya, un latido, una mirada clara o incierta desata en mi el huracán de las alegrías inmensas o el maleboge de la perdición en mi soledad como hombre. Es mujer, al fin y al cabo; Sucede que la idolatro, pero a veces en mi pequeñez de mortal azotado por una existencia jamás pedida, no la entiendo. Así, cuando desciende a su tiranía de milagro convertida en amazona, sus flechas duelen; se me figura fugitiva, sus muros son altos. Contemplo mi suerte echada al capricho de aquello que sucede en la cocina de las féminas cuando las asalta la química, el que dirán o el maleficio castigador de su voluntad imperante. He sentido las ruinas en que puede convertirme, la esperanza convertida en guiñapo, la cercanía de lo terrible y sin tumbo. He vertido por su amor uno que otro llanto de niño, algunos aullidos de loco y alguna incoherencia más al epitafio de mi tumba vacía.

-En momentos así he escrito versos que no muestro a las rosas para que no se marchiten.

-La mujer que yo amo es real. La vida la alcanza a ratos y la hiere en su cielo de bondades y sonrisas. No hay justicia en el mundo; tanta perfección de belleza esculpida, tanto brillo destacado de su alma y no faltan los dardos emponzoñados en forma de cuervos, aguijones o mordidas. Alardes de derrotados, el colosal tráfico de la estupidez humana. Yo mismo en mi caos y en mi soberbia, he dejado marcas y ecos de patán...temible filibustero. Soy hombre a fin de cuentas. Hago guerras y cometo errores...Me enojo, gesticulo, arremeto contra lo que no entiendo, voy por la cuerda floja del camino oscuro y sin retorno. La he visto llorar por mí, por un cachorro herido por los pobres mas míseros y por la vida que es...tan solo vida; y porque es vida duele...hiere...castiga...azota y marca...

-En momentos así ella triunfa y como es mejor que yo, junta sus propias rosas con mis versos y les habla de amor para que florezcan.

-Es la mujer de mi vida, la mujer en mi vida. Existe en la tierra como el sabor de la fruta que me gusta, como el inmenso mar de mis aventuras y locuras; como una alegría inspirada, como una caricia del viento. Es el idioma de la dicha y el sosiego. El arma con que me bato a duelo con los diversos adjetivos de lo aburrido y lo cotidiano.

-La mujer que yo amo es la recompensa, el reposo del guerrero. Quiero permanecer con ella siempre, hasta el fin de los suspiros, hasta el último de los misterios....

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