¿Me permites usar tu piel para inspirarme esta noche? Te prometo escribir claramente en ella mis intenciones, ya que sólo llegaste a aumentar la temperatura de mis versos...
Se que es de mala educación hablar de amor con el corazón vacío, pero es precisamente el corazón un órgano que da sus mejores notas cuando es tocado por las manos correctas.
Y es entonces, que este escritor tuyo quisiera bajarte las estrellas, esparcirlas por tu cuerpo como si fuera escarcha y contemplarlas en mi propio cielo.
Aprendí de los puntos cardinales que el Norte es para pensarte y el Sur para desearte. El Este es para seducirte y el Oeste para satisfacerte.
Sin embargo, justo en este anochecer comprendí que lo malo no es no tener con quién dormir, lo malo es no tener con quién soñar.
No obstante, me cuestiono ¿para que quiero soñar? Si ni siquiera puedo dormir, pero mientras todos le llaman insomnio, yo le puse tu nombre.
Decir que me gusta de ti, sería describirte poro a poro, tan es así que abierta una flor, tu apelativo ya me esta inundando los labios. Pues es entonces que estos últimos se muerden de la abstinencia por saber como abrazan los tuyos.
Por qué un beso dice más que mil palabras y mira que tengo tanto que contarte.
Existen varias formas de tortura, pero de todas escojo la más salvaje: besarnos hasta que la piel no aguante. Y es justo en este crepúsculo que tengo ganas de morderte donde el sol no puede hacerlo, a dos dedos del infierno y a medio vuelo del cielo.
Me atrevo a decirte que en este averno soy demonio y nosotros no juramos, maldecimos; ¡¡maldita sea!!, cómo me haces falta esta noche.
Y no sé si tu me esperas allá en mi destino, pero yo ya estoy en el camino.
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